Sentada enperfil1 el suelo del pasillo, con las piernas cruzadas y cientos de fotografías esparcidas alrededor. Así fui descubriendo quién era.

Mis padres guardaban sus álbumes de recuerdos en el taquillón de la entrada y yo pasaba las horas hojeando esas viejas imágenes que me hablaban de personas en color sepia que ya no estaban. Veía a mis abuelos con 20 años y pensaba en lo guapos que eran. Mi madre con una barriga redonda y enorme que sobresalía sobre su delgadísimo cuerpo, mi padre con bigote y unas gafas más grandes que su cara. Ahí estaba yo: en brazos de mis tías, jugando con mi primo, disfrazada en el cole… Poco a poco fui construyendo mi identidad, con un ojo en el pasado y un futuro repleto de sueños.

Y es que nuestra memoria es como una caja en la que guardamos miles de instantes y de experiencias vividas. La fotografía nos ayuda a revivir esos episodios, ya que no sólo tiene el poder de trasladar el pasado hasta nuestros días; sino que, además, es capaz de evocar una emoción muy próxima a la del recuerdo.

Por otro lado, las fotografías constituyen un legado, el mejor que podemos dejar a los que amamos. ¿Qué mejor manera de estrechar lazos que sentarnos juntos a mirar y comentar los momentos más dulces de nuestra existencia?

Elda Maganto.